Sobre el hallazgo del Acta de la Independencia

Sobre el hallazgo del Acta de la Independencia

Pocos son los venezolanos en la actualidad que están conscientes o saben que el original del Acta de la Independencia que se firmó el 5 de julio de 1811 fue perdida durante el año 1812.

Existía además una incongruencia entre las publicaciones que se realizaron en los primeros días, esto referido expresamente a que en una de las publicaciones hay 37 firmantes y en otras publicaciones el número de firmantes varía. No existía en aquellos tiempos una «Gaceta oficial», el Congreso Nacional utilizaba un medio impreso llamado El Publicista Venezolano y fue en dicho «periódico» que se hace la publicación del Acta de Independencia la cual (luego de la pérdida de la original) se convirtió en la «oficial».

Sin embargo, luego de casi 100 años perdido, en 1908 el historiador, señor Doctor Francisco González Guinan, hace el descubrimiento (se topó prácticamente) con el original del Libro de Actas del Congreso Nacional de 1811 donde se encuentra el Acta original. Aquí les dejo su relato, contado en el prólogo de su libro «Hallazgo del Acta Solemne de Independencia de Venezuela y de otras Actas Originales del Congreso Constituyente de 1811». Espero lo disfruten.

Original del Libro de Actas del Congreso Constituyente de 1811. Ahí esta el original del Acta de Independencia de la República de Venezuela

PRÓLOGO

El providencial hallazgo del Libro 2° de las actas del célebre Congreso Constituyente de Venezuela de 1811, en el cual se encuentra el Acta solemne de la Independencia, ha producido en el país una poderosa y universal impresión de júbilo patriótico. Autoridades y ciudadanos han celebrado el suceso. La prensa lo ha divulgado y comentado. El entusiasta Presidente de la República le ha otorgado la debida importancia y ordenado el digno y patriótico destino del Magno Libro; y el Presidente de Carabobo, rindiendo tributo á las glorias patrias, dispone que los talleres tipográficos del Estado recojan en un volumen todo cuanto se ha escrito oficial y particularmente con referencia al providencial hallazgo.

El lector encontrará, pues, en la presente publicación todo lo que he podido recopilar, desde mi anuncio al señor Presidente y Restaurador de Venezuela, hasta las felicitaciones que bondadosamente me han sido dirigidas por la parte que en el suceso me asignó la Divina Providencia. Es posible que haya omisiones, porque no han llegado á mi poder todos los periódicos que del asunto se ocuparon.

El Acta original de nuestra independencia nacional venia perdida desde 1812. Varias publicaciones se hablan hecho de ella, desde la que apareció en las columnas de El Publicista Venezolano, número 2, correspondiente al 11 de Julio de 1811. En todas las actas publicadas el texto de la célebre Declaratoria aparece igual, pero hay disparidad en el número de los firmantes, circunstancia que denunció en un opúsculo publicado en Caracas en 1884 el acucioso é ilustrado señor Doctor Arístides Rojas.

Años después, en 1890, tomó la Academia Nacional de la Historia conocimiento del asunto, y en sesión del 28 de Mayo acordó poner manos á la obra de averiguar cuál de las actas que corrían hasta la fecha impresas debía reputarse por copia exacta de la auténtica, <> Al efecto fue designada una comisión compuesta de los académicos Doctores Pedro Arismendi Brito, Julián Viso y Martín J. Sanavria. (sic)

Al cabo de un año, los comisionados Doctores Arismendi Brito y Sanavria, después de grandes investigaciones y detenidos estudios, opinaron porque debía reputarse como fidedigna la copia del Acta publicada en El Publicista Venezolano, y el Doctor Viso fue de parecer que se conservase el statu quo. Fundábanse los primeros en que el citado periódico era el órgano oficial del Congreso, y el segundo en que la diversidad de publicaciones aconsejaba la abstención. En aquel momento era evidentemente indiscutible la opinión de los académicos Sanavria y Arísmendi Brito, porque en realidad El Publicista Venezolano era el órgano oficial del Congreso; así como también debía calificarse de discreto el parecer del Doctor Viso, porque si andando el tiempo llegaba felizmente á encontrarse el Acta original que la Academia lamentaba perdida, ella tenía que ser considerada como la verdaderamente auténtica.

Terció luego en el debate el inteligente y asiduo compilador, señor General Manuel Landaeta Rosales, aduciendo importantes argumentos y apreciables citas y en definitiva decidiéndose por la autenticidad de la copia del Acta que contiene· 37 firmas, excluida la del Secretario, que no era Diputado.

La Academia Nacional de la Historia continuó ocupándose de la importante materia, asistiendo atentamente á la controversia, y condensó y ratificó su opinión en un dilatado y erudito informe rendido por los académicos Doctores Felipe Tejera, Jacinto Gutiérrez Coll y Rafael Seijas y aprobado por el docto Cuerpo en la junta ordinaria habida el 7 de Diciembre de 1898.

En ese informe se disertó sobre el texto original ú oficial del Acta de Independencia, sobre la veracidad de los Documentos de 1811 y 1812 y sobre las causas verosímiles de la discrepancia de las actas publicadas en 1811 y 1824: se adujeron consideraciones generales pertinentes al importante asunto; y se ratificó el parecer con respecto á autenticidad, comunicando todo lo obrado al Ejecutivo Nacional.

Fundándose en las dilatadas investigaciones de la Academia Nacional de la Historia; dando por perdido el texto oficial del Acta de Independencia de Venezuela, y considerando que las actas publicadas se diferenciaban en el número de las firmas y que la Academia, después de una labor de varios años, había evidenciado que merecía el concepto de autenticidad el acta publicada en 1812 en un folleto de Londres titulado Documentos oficiales interesantes de Venezuela, enteramente exacta á la que corría en El Publicista Venezolano del 11 de Julio de 1811, dictó el Ejecutivo Nacional el 19 de Abril de 1900 un Decreto declarando texto oficial del Acta de Independencia de Venezuela la copia que se encontraba en la citada obra Documentos oficiales interesantes de Venezuela.

Luego por resolución del señor Ministro de Instrucción Pública, expedida el 28 de Mayo de 1903, y por disposición del ciudadano Presidente de la República, se publicaron en un volumen todos los documentos relacionados con la importante materia, volumen que serviría de Prólogo á los Anales de Venezuela.

Tal era el estado de_ las cosas hasta el 23 de Octubre del año pasado de 1907 en que vino á mi poder el Libro 29 original de las Actas del Congreso constituyente de 1811.

Explicaré el sorprendente y providencial acontecimiento.

Hace algunos años que me ocupo en escribir la Historia de Venezuela, y en esa labor, tan prolongada como difícil, me han ayudado y me ayudan en la consecución de documentos, con una decidida y generosa voluntad, que profundamente les agradezco, algunos amigos tan nobles como patriotas. Entre ellos cuento aquí en Valencia con el señor Ricardo Smith quien se interesa por todo lo que conmigo se relaciona como de cosa propia.

Hallábase este amigo un día del citado mes de Octubre de visita en la casa de la distinguida señora María Josefa Gutiérrez, viuda del notable ingeniero Carlos Navas Spínola, y observó un libro grande de aspecto vetusto colocado sobre un mueble. Lo tomó en sus manos, y al abrirlo vió (sic) que contenía actas del Congreso de 1811. Entonces dijo á la señora, con quien cultiva estrecha amistad, présteme usted este libro para que de él tome notas mi amigo el Doctor González Guinán, que está escribiendo la historia de Venezuela. La señora condescendió.

A las 10 de la mañana del 23 de Octubre nos reunimos Smith y yo en la sala de su casa de habitación, situada en el barrio de la Candelaria. «Aquí está el libro» me dijo, mostrándomelo colocado sobre una mesa de mármol cercana á la puerta de la antesala; y luego me agregó: «contiene también el original del Acta de la Independencia».

Mi sorpresa fue extraordinaria. Abrí el Libro y aceleradamente me impuse de su contenido. A medida que lo hojeaba ensanchábase mi corazón, y algo así como un vértigo invadía mi cerebro. Era el vértigo del patriotismo.

Cuando me fijé en la página de la sesión del 4 de Julio, mi espíritu fue violentamente sacudido por el recuerdo del insigne patricio Doctor Miguel Peña, autor del elocuente discurso leído en ese día en el seno del Congreso por la comisión de la Sociedad Patriótica, discurso precursor de la declaratoria de la Independencia.

Maquinalmente penetré con la mirada en la solitaria antesala, y me pareció que aquel patricio, que allí había exhalado el último suspiro de la vida en la noche del 8 de Febrero de 1833, (*) se presentaba con la energía de sus felices años y_ con el verbo ardiente de su elocuencia, émula de la de Cicerón, según la frase del historiador español Heredia, indicándome, imponiéndome, ordenándome, lo que yo habia de hacer con tan precioso hallazgo.

(*) La casa en que habita el señor Smith fue de la habitación y propiedad del Doctor Peña.de la Historia y por disposición del·Gobierno escribo actualmente la historia de Venezuela, y es con ese doble carácter que tomo este sagrado Libro.

Entonces dije á mi amigo: Ricardo; este Libro no es tuyo, no es de la señora Navas Spínola, no es mío, porque es de todos los venezolanos; y ya que la Divina Providencia ha querido que por tu valiosa mediación venga á mis manos, de ellas habrá de pasar á la Patria, su única propietaria, representada por su Primer Magistrado, señor General Castro. Además, soy miembro de la Academia Nacional.

Smith encontró muy racional todo cuanto yo le decía, y por su indicación fui á la casa de la señora Navas Spínola, á quien impuse de mis impresiones y de los propósitos que ya había manifestado á aquel amigo. La respetable señora no vaciló en reconocer que el Libro pertenecía á la República; y al preguntarle yo si procedía del archivo y papeles de su finado esposo, aceptó la procedencia. Entonces la dije: lo traería de Caracas con el archivo y papeles de su padre el señor Domingo Navas Spínola, antiguo empleado municipal, y me respondió: no era Don Domingo padre, sino tío de mi marido. Quedó así fijada la procedencia, y el 25 de Octubre escribí mi primera carta al señor Presidente, carta que no envié sino tres días después, fechándola el 28, porque hube de atender á dos conferencias más que me promovió la señora Navas Spínola, en las cuales me manifestó: que sus primeros informes sobre la procedencia no eran ciertos: que su conciencia estaba atribulada y quería tranquilizarla; que el Libro era un depósito que el año de 1895 le habla hecho la señora Isabel La Hoz de Austria, con el encargo de que si moría lo entregase á sus sobrinas la señora La Hoz de Zuloaga y señorita La Hoz; y que deseaba que se lo devolviese para entregarlo á éstas. Además, me dijo, quiero borrar el nombre de C. Navas Spínola que figura al margen de una de las primeras páginas.

No pude acceder á la solicitud de la señora Navas Spínola. Me negué con gran pena. Creí verídica la segunda información sobre la procedencia del Libro, porque en mis constantes investigaciones históricas. Había averiguado que los miembros principales del Congreso constituyente asistían en 1812 á las amenas tertulias de la familia Zavaleta, de donde era originaria la señora La Hoz de Austria, familia esclarecida por sus virtudes y por su ardiente republicanismo, por cuyas circunstancias había sido depositaria de valiosos documentos relacionados con la historia patria. De manera que habiéndome enviado después la señora Navas Spínola una carta aclarando el punto de la procedencia, inmediatamente se la remití original al señor Presidente de la República.

Así las cosas, informé al señor Doctor Samuel E. Niño, Secretario General del Estado Carabobo, del providencial hallazgo, significándole mi disposición á exhibir el precioso Libro ante· las· principales autoridades; y aquel magistrado, con un entusiasmo digno de sus patrióticos sentimientos, convocó inmediatamente á su casa de habitación al señor Doctor Pedro Castillo, Encargado del Ejecutivo, á los Altos Poderes del Estado y algunos ciudadanos, quienes admiraron la herniosa reliquia de nuestro génesis republicano, y levantaron una acta para expresar su veneración.

Desde ese momento mi casa fue visitada por infinidad de personas de todas las edades, sexos y condiciones, que venían á ver con sus propios ojos el prodigioso Libro, que la benevolencia del señor Presidente de la República habla dejado en mi depósito hasta el próximo 5 de Julio en que se proponía recibirlo y destinarlo con merecida solemnidad.

De nuevo se ocupó la Academia Nacional de la Historia en el debatido asunto de la autenticidad del Acta de la Independencia, por haberle yo trasmitido todos los informes relacionados con el hallazgo y últimamente enviádole (sic) el Ministro de Relaciones Interiores el Libro de las Actas para su conocimiento y estudio. Al efecto produjo el docto Cuerpo dos informes, procurando demostrar en el uno que el «Acta de Independencia» manuscrita encontrada en Valencia y el «Acta de Independencia» oficial promulgada en 1811, históricamente no se excluían, sino que se explicaban y complementaban; y en el otro, después de meditado estudio, reconoció la autenticidad del Libro de Actas, y por consecuencia el original del Acta solemne de Independencia, punto de partida de nuestra nacionalidad. Y como quiera que en este último informe la Academia encuentra erróneo lo que dije con respecto al voto salvado por el General Miranda al firmar la Constitución, declaro: que al hacer mi afirmación tuve presente que el Secretario Isnardi calificó. de acta á la Constitución y que al suscribirla. aquel patricio dijo que lo hacía bajo los reparos que se expresaban en el número 2, que correspondían á la protesta del Pbro. Doctor Maya por el desafuero eclesiástico.

Llegado el 5 de Julio, aniversario de nuestra independencia: nacional, el Libro fue recibido en acto solemnísimo y destinado tan adecuadamente como lo demandaba su importancia y lo inspiraba el delicado patriotismo del Primer Magistrado de la República.

Ese Libro, que no he vacilado en calificar de nuestra Biblia política, va á ser en breve publicado por la prensa y colocado en el altar de que es digno. Hojeándolo · frecuentemente y leyéndolo con veneración, debemos los venezolanos aquilatar ·en nuestros corazones la santa virtud del patriotismo; y ante el noble y heroico sacrificio de los creadores de la patria independiente y libre, debemos deponer nuestras pasiones y rencillas y hacer votos por la perpetua paz y por la felicidad de la República.

La aparición del precioso Libro aclara muchos puntos obscuros de la historia patria, disipa infinidad de dudas, exhibe el nacimiento de la República de Venezuela tan gallarda como magestuosamente (sic) y pone sello á la prolongada controversia sobre la autenticidad del Acta solemne de Independencia; porque el original de la Magna Acta que en ese precioso Libro figura fue la redactada por orden del célebre Congreso, la aprobada solemnemente por éste y la firmada en un solo acto por los eminentes patricios en la sesión destinada, al efecto; siendo todas las publicadas hasta hoy, comenzando por la que corre inserta en El Publicista Venezolano, correspondiente al 11 de Julio de 1811, copias que, aunque coinciden con el texto original, difieren en el número de los firmantes.

A la posteridad tiene que pasar esa original Acta solemne de Independencia, tal como se halla en el Libro; entrando en la publicación que patrióticamente ha ordenado el señor Presidente y Restaurador de Venezuela la autolitografía de faz del insigne Documento, á fin de que ante las respetuosas miradas de autoridades y ciudadanos de la presente y ·futuras generaciones estén expuestos la misma forma de hermosa letra en que fue escrito y el facsímile de las firmas autógrafas de los Egregios Fundadores de la Patria.

No quiero terminar estas líneas, que escribo á manera de prólogo de esta recopilación, sin dar nuevamente gracias á la Divina Providencia por el papel que en su infinita bondad me asignó en este interesante episodio histórico, y sin expresar mi más vivo reconocimiento al señor General Presidente de la República y Restaurador de Venezuela por las señaladas distinciones de su generosidad.

Valencia, Venezuela, 1908.

El hecho para mí es de tal significación, que yo no puedo menos que aplazar la recepción de tan importante hallazgo, para el día 5 de Julio próximo venidero de 1908, á fin de que en dicha fecha, que es la señalada por los mismos acontecimientos históricos tenga su recibo toda la solemnidad que ella merece ; y á fin también de que en ese mismo día le destine el Ejecutivo Nacional el lugar que á ella le corresponde para ser conservada, guardada y trasmitida á las generaciones venideras, de modo que todas ellas beban en esa fuente luminosa, y recuerden cómo es que un pueblo noble, grande y generoso, como el de Venezuela, ha conquistado sus derechos y prerrogativas de libertad, independencia y fraternidad, con que todos los pueblos han sido investidos por el Creador, desde que fue pronunciada por Él la sublime palabra fiat homo en que colocando sobre su frente el emblema de la grandeza, depositó también uno de sus más grandes atributos sobre la conciencia humana: la noción del honor y del deber.

De Dontimoteo. -Valencia, Miércoles 6 de noviembre de 1907

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